1/11/14

In memoriam

La solemnidad de todos los Santos, es una invitación a mirar con esperanza la eternidad de nuestra vida en la nueva Jerusalén. Y también para mirar al cielo agradecidos por la vida escondida y entregada de misioneros que nos han precedido.




El santoral del año litúrgico propone a la contemplación de fieles que los mártires y los declarados santos proclaman con sus vidas que el misterio pascual se ha cumplido en ellos porque padecieron con Cristo y con Él fueron glorificados. A  la vez se les propone a los fieles como ejemplo para el seguimiento de Jesús y como intercesores ante el Padre. La Fiesta de todos los Santos, fiesta universal de la Iglesia, viene seguida por la celebración de oración por los difuntos. La Iglesia desde sus inicios honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció sufragios por ellos, pues “es una idea santa y piadosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados“ (2M 12,46).

En este contexto eclesial vienen la memoria muchas personas, amigos y familiares, que han sido llamados por Dios a la otra vida, a la eterna. Entre ellos destacan por su cercanía y proximidad nuestros misioneros y misioneras. La mayoría de ellos han muerto en el lugar de destino, en silencio y entregando hasta su último aliento por la misión a la que habían dado su vida. La mayoría de ellos de muerte natural, después de muchos años de servicio y allí han quedado sus restos mortales. Otros han muerto de forma violenta bien por accidente, bien por agresiones extremas. No son pocos los que han entregado su vida de esta manera, que bien puede ser considerada una muerte martirial. Estas circunstancias han golpeado nuestra conciencia y los medios de comunicación se han hecho eco de su fallecimiento. Otros, los más, han pasado a la otra vida una vez regresados de la misión a la que dedicaron toda la vida, pero la enfermedad o la ancianidad aconsejó sus retorno a la comunidad eclesial que les envió y acompañó. Su muerte tampoco ha sido en balde porque el ocaso de su existencia ha dejado una huella testimonial de una vida entregada con alegría y con paz.

Viene a nuestro recuerdo los recientes fallecimientos de los dos Hermanos de San Juan de Dios, Miguel Pajares y Manuel García Viejo, que han entregado su existencia por causa de la enfermedad del ébola. Su muerte ha suscitado una inquietud en el pueblo español. Nadie ha quedado indiferente ante el ejemplo de su existencia y de las circunstancias que han concurrido. Su muerte nos ha recordado la de otros hermanos de la misma Congregación, de las Hnas. de la Misioneras de la Inmaculada Concepción, misioneros agustinos recoletos, javerianos... y la de otros trabajadores, profesionales de las medicina, que prestaban el mismo servicio en los hospitales que tenían abiertos en Sierra Leona y Liberia. Además, quienes están cerca del trabajo misionero sienten igualmente la muerte de misioneros y misioneras, por causa de otras enfermedades contraídas en el ejercicio de su ministerio misionero.

Pudiera parecer que este mes de noviembre es un mes de bajo perfil misionero al no tener lugar ninguna conmemoración significativa. Nada más lejos de la realidad. Es el mes para mirar al cielo agradecidos por la vida escondida y entregada de tantos hermanos nuestros que nos han precedido. Es el mes que invita a recordar a tantos fundadores y fundadoras  que, fieles a la iluminación del Espíritu Santo, pusieron en marcha una iniciativa misionera a la que han incorporado miles seguidores que han tomado el testigo de su carisma fundacional. Es el mes para recordar agradecidos el coraje misionero de Paulina Jaricot, Mons. Forbin-Jansom, Juan Bigard y Paolo Manna que pudieron en marchas las cuatro Obras Misionales Pontificias.


Anastasio Gil

Director nacional de OMP 


31/10/14

"Gracias a todos los misioneros"

“Gracias a todos los misioneros que en diversas partes del mundo habéis salido de esta Iglesia que camina en Madrid para realizar la misión ad gentes"


 

Mons. Carlos Osoro, en la homilía de la misa de toma de posesión de la archidiócesis de Madrid del arzobispo que tuvo lugar el pasado sábado 25 de octubre en la catedral de la Almudena, el nuevo arzobispo tuvo un recuerdo agradecido a todos los misioneros.

En este sentido el nuevo arzobispo de Madrid recordó – en la línea de lo dicho por los últimos papas - que la salida misionera y el ejemplo de los misioneros deben ser el paradigma de toda obra de la Iglesia:

"Queridos misioneros y misioneras, gracias por haber salido de vosotros mismos y haberos encontrado con Jesucristo, que os impulsó a salir de vuestra tierra para llevar a otros de otras culturas el Evangelio. Recibid mi afecto, y pensad que desde este momento mi oración se dirigirá al Señor para que os dé su sabiduría en el lugar en que os encontréis”.

“Estamos llamados y os invito a descubrir juntos cómo pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera, ya que la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia. Seamos audaces y creativos, no caminemos solos: sabemos que el Señor va el primero; involucremos nuestra vida en todas las situaciones que viven los hombres, acompañemos y festejemos la vida. Y todo ello realizado desde la cercanía, la apertura al diálogo, la paciencia y la acogida cordial, vividas como nuestro Señor, que vino a salvar y no a condenar”.


Y, más adelante, insistía, esta vez dirigiéndose a los laicos: “Sois la mayoría en el Pueblo de Dios. Estáis presentes en todos los ambientes y estructuras de este mundo. Sed discípulos misioneros allí donde estéis. Sed valientes. En virtud del bautismo recibido y la fuerza del Espíritu os habéis convertido en discípulos misioneros”.

30/10/14

Mons. Osoro: la tarea misionera es prioritaria

“Una iglesia particular que se encierra en sí misma no es la Iglesia de Cristo”, "La Iglesia, o es misionera, o no es la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo”  Monseñor Osoro



Monseñor Carlos Osoro, que tomó posesión de la archidiócesis de Madrid el pasado sábado 25 de octubre, el lunes 27, un encuentro con periodistas en el que habló del “desafío de una espiritualidad misionera”, que nos ayude a vencer el “individualismo” y la “caída de fervor”.

El arzobispo de Madrid afirmó que “siempre” ha vivido como propio el mandato misionero de ir por el mundo y anunciar el Evangelio y realizó un recorrido por las diócesis en las que ha sido obispo, para testimoniarlo. Así, habló del compromiso de Orense con la diócesis de Portoviejo, en Ecuador, que calificó como “un bien para la Iglesia diocesana”; de Oviedo, con Benín, o de la presencia de misioneros de Valencia en América Latina, sobre todo en la zona minera de Chile.
Monseñor Osoro comparte con el Papa Francisco la necesidad de una “Iglesia en salida”, pero argumentó que la salida a las periferias debe producirse siempre desde “el centro, que es Cristo”, porque “si se sale de otra manera, se hará mal”. El prelado habló de la necesidad de “llevar la alegría” del Evangelio, que es “la gran noticia para el hombre”, una noticia “liberadora y transformadora, con capacidad para hacernos salir de nosotros a los hombres y salir por los caminos de la historia”.

Aunque reconoció que el hombre contemporáneo sufre lo que él llama la enfermedad de las tres “D” (el desdibujamiento, de la imagen de Dios, que es amor; el desencanto, de no encontrar razones para vivir; y la desorientación, porque vive como un vagabundo sin metas en lugar de como un peregrino), monseñor Osoro propone “métodos evangelizadores” que ayuden al hombre a descubrir el “diseño concreto” que Cristo ha hecho en él, pero que no son los métodos “de la condena, de derrotar al otro”.
El ser humano cambia cuando conoce a Jesús”, el que hoy es arzobispo de Madrid, lo descubrió siendo un joven universitario, entonces, el encuentro con Jesucristo, le cambió la vida.


La anécdota del encuentro con los periodistas tuvo lugar cuando monseñor Osoro compartió con ellos, a micrófono abierto, la llamada que el Papa Francisco dejó en el contestador de su móvil. Aunque en el momento en el que el Papa llamó al arzobispo de Madrid para animarle en su nueva responsabilidad, éste se encontraba rezando, más tarde, según confesó monseñor Osoro, pudo hablar un momento con Su Santidad.


24/10/14

La alegría de ser misioneros

El papa Francisco ha invitado en su Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones a renovar la alegría del discípulo misionero.



Para ello evoca el diálogo que Jesús mantiene con sus discípulos, una vez han retornado de sus primeras correrías apostólicas, que narra el Evangelio de Lucas (Lc 10, 21-23). “Después de cumplir con esta misión de anuncio, los discípulos volvieron llenos de alegría: la alegría es un tema dominante de esta primera e inolvidable experiencia misionera. El Maestro Divino les dijo: «No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo»”.

La alegría de aquellos primeros evangelizadores se fundamenta en el poder, más que en el ser. Están llenos de sí mismos y de su capacidad de gestión. El éxito les está impidiendo hacer referencia al origen de su misión. Jesús, después de escucharles con atención, de  alguna manera les agradece el  servicio prestado, pero les hace ver que el motivo y la razón de su alegría no es “tanto por el poder recibido, cuanto por el amor recibido”. En su conversación les reconduce al verdadero origen de la alegría: reconocimiento, gratitud y gozo porque el Padre ha decidido amar a los hombres con el mismo amor con que le ha amado a Él como Hijo. Esta alegría de Jesús es el signo de que ha llegado el Reino de Dios, porque “los ciegos ven y los cojos andan... y los pobres son evangelizados” (Mt 11,5).

Para vivir la verdadera alegría es necesario dejar “espacio” a Dios. Solo a los “pequeños”, los humildes, los sencillos, los pobres, los marginados, los sin voz, los que están cansados y oprimidos, Jesús les reconoce como “dichosos”, como es el caso –dice Francisco– de María y José, de los pescadores de Galilea y de los discípulos de Jesús, que no se dejan seducir por la autocomplacencia y la presunción. Son los que, en definitiva, dejan “espacio a Dios”. Evangelii gaudium da alguna pista para comprender este mensaje: “El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos. Pero luego dice a sus discípulos: «Seréis felices si hacéis esto» (Jn 13,17)”; es el misionero que “se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo” (n. 24).

Sin embargo, nos acechan el individualismo, las crisis de identidad, la disminución del fervor, cierto derrotismo, un cansancio que va mellando nuestras fuerzas físicas y espirituales, cuando se está muy cerca de las llagas de los pobres y enfermos, de los oprimidos y maltratados, de las víctimas de familias desintegradas, de los que se dejan seducir por las drogas o por la violencia, de los que rechazan lo religioso y pierden todo sentido de la vida. 
¿Cómo hacer renacer la alegría en estos ámbitos? La Iglesia es un “hospital de campaña” –dice el papa Francisco–, cuya medicina mejor es el amor misericordioso, que a todos abraza, a ninguno excluye, a todos llama a la sanación. Solo implorando día a día la gracia del Señor, que se irradia por los sacramentos, que se cultiva en la oración y que se manifiesta en el amor lleno de misericordia y ternura hacia quienes nos han sido confiados, y especialmente los más  pobres, reviviremos la alegría de ser misioneros. Solo así reviviremos la alegría de nuestro primer “sí”, como el de María; la alegría de nuestra primera respuesta a la vocación de ser misioneros.


Anastasio Gil,

 Director Nacional de OMP

Intención Misionera para octubre

"Para que el Día Mundial de las Misiones -Domund-  despierte en cada cristiano la pasión y el celo por llevar el Evangelio a todo el mundo"


En su mensaje para el DOMUND, la Jornada Mundial de las Misiones que celebraremos este próximo 19 de octubre, el Papa Francisco dice: “Hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo. Por eso es tan urgente la misión ad gentes, en la que todos los miembros de la iglesia están llamados a participar, ya que la iglesia es misionera por naturaleza: la iglesia ha nacido “en salida”. La Jornada Mundial de las Misiones es un momento privilegiado en el que los fieles de los diferentes continentes se comprometen con oraciones y gestos concretos de solidaridad para ayudar a las iglesias jóvenes en los territorios de misión. Se trata de una celebración de gracia y de alegría. De gracia, porque el Espíritu Santo, mandado por el Padre, ofrece sabiduría y fortaleza a aquellos que son dóciles a su acción. De alegría, porque Jesucristo, Hijo del Padre, enviado para evangelizar al mundo, sostiene y acompaña nuestra obra misionera”.

Y más adelante recuerda que “la humanidad tiene una gran necesidad de aprovechar la salvación que nos ha traído Cristo. Los discípulos son los que se dejan aferrar cada vez más por el amor de Jesús y marcar por el fuego de la pasión por el Reino de Dios, para ser portadores de la alegría del Evangelio. Todos los discípulos del Señor están llamados a cultivar la alegría de la evangelización. Los obispos, como principales responsables del anuncio, tienen la tarea de promover la unidad de la Iglesia local en el compromiso misionero, teniendo en cuenta que la alegría de comunicar a Jesucristo se expresa tanto en la preocupación de anunciarlo en los lugares más distantes, como en una salida constante hacia las periferias del propio territorio, donde hay más personas pobres que esperan”.

21/10/14

Ébola: comunicado del SCAM


Los abajo firmantes, responsables de institutos específicamente misioneros, con motivo del Día del DOMUND 2014, queremos reafirmar que Renace la Alegría y decir también una palabra de esperanza.

Es obvio para todos que este año en España el DOMUND ha recibido sobre sí una sombra de tristeza y de dolor: la muerte –a causa del ébola- de los misioneros de S. Juan de Dios Miguel Pajares y Manuel García, y la contaminación de la auxiliar de enfermería Teresa Romero con la misma enfermedad, ha golpeado a la sociedad española y a las comunidades cristianas de nuestro país.

Sea nuestra primera palabra de reconocimiento y gratitud por el testimonio de los dos misioneros muertos y por los muchos más que han decidido quedarse al lado de todos los enfermos de ébola en África. Así mismo, por el ejemplo de entrega y servicio de Teresa, que se ofreció voluntaria para atender a los dos primeros. Queremos solidarizarnos especialmente con ella, ahora que se nos dice que “ha bajado la carga viral y sus órganos mejoran”. Esperamos su total recuperación y rezamos por ello.

Y nos solidarizamos con todos los trabajadores de salud que han puesto y siguen poniendo su profesión, sus conocimientos y su dedicación a una causa tan noble como es frenar el azote de esa enfermedad aquí y, sobre todo, en los países más afectados. Vaya nuestro reconocimiento a todos -creyentes y no creyentes- los que entregan su tiempo y sus vidas en defensa de la de los demás y buscando otro mundo posible: más justo, equitativo y solidario.

En el mismo sentido reconocemos y agradecemos las voces que en la sociedad española han llamado la atención sobre los graves problemas que aquejan a muchos países que –a causa delempobrecimiento y sus consecuencias- se ven condenados a ver morir a muchos de sus hijos “antes de tiempo”. Esa sensibilidad nos honra a todos, como personas y como creyentes (quienes lo seamos).

Denunciamos, eso sí, que un importante sector oficial y de la prensa hayan centrado sus críticas en la “posible irresponsabilidad de Teresa” en el contagio. También es indigno que no se reconozca y valore, por encima de todo, su actitud de servicio, su entrega y su sacrificio en un trabajo arriesgado.

Así mismo, lamentamos que otro sector de la población (incluso autoridades) haya dado reiteradas muestras de egoísmo, individualismo y cerrazón, con una exagerada preocupación sólo por “nuestros” problemas – por nuestra seguridad - y olvidándose totalmente de los países que más sufren el ébola y, por supuesto, otras enfermedades y lacras que causan diariamente muchos miles de muertes. Muy acertadamente alguien ha dicho que esas personas se preocupan “más que de salvar a los pobres, de salvarse de los pobres”, levantando todo tipo de muros y barreras que nos aíslen y los aíslen. En un mundo globalizado eso ya no es posible: ¡o nos salvamos todos o juntos pereceremos!

Por eso exigimos a nuestras autoridades y líderes políticos que cumplamos, como es de justicia, los acuerdos firmados y los compromisos pactados de colaboración al desarrollo (estamos muy lejos de hacerlo) y que, incluso, los superemos generosamente. Todos nos beneficiaremos a mediano y largo plazo.

Pedimos una ayuda más efectiva a los países que están ahora siendo más duramente golpeados por el ébola y que las promesas de solidaridad de los políticos no se queden en palabras vacías y oportunistas… El continente africano lleva decenios siendo saqueado, es hora de establecer otras relaciones comerciales justas y respetuosas. Constatamos con dolor la rapidez con que se constituyen coaliciones para hacer la guerra y la lentitud para la acción por la justicia y la paz.

Como consecuencia de todo lo anterior, nosotros, acostumbrados a ser acogidos y recibidos por hermanos de otros pueblos, razas y culturas, reclamamos a autoridades y resto de la sociedad española que tratemos con toda la dignidad que se merecen a los emigrantes que han dejado su patria y su familia –sólo Dios sabe con cuánto sufrimiento detrás- buscando una vida un poco mejor.

Madrid, 19 de octubre, día del DOMUND 2014

Firmantes:
Misioneras de Ntra. Sra. De África
Misioneras de la Consolata
Misioneras Combonianas
Misioneras Dominicas del Rosario
Misioneros OCASHA – Cristianos con el Sur
Misioneros Espirítanos
Misioneros de la Consolata
Misioneros del IEME
Misioneros Combonianos
Misioneros de África (Padres Blancos)
Misioneros Javerianos

Misioneros de Mariannhill 
Oct: "Para que el Domund despierte en cada cristiano la pasión y el celo por llevar el Evangelio a todo el mundo".
"La alegría de ser misioneros" El papa invita en en la Jornada Mundial de las Misiones a renovar la alegría del discípulo misionero.

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